Habitamos un país donde hay poca voluntad política, están sumidos los Gobernantes, fingiendo en sus propias carreras políticas, que todo está bien para permanecer en el poder, cuando sabemos que no es así.

En nuestro país hay una gran cantidad de víctimas de trata de personas y una triste realidad es conocer que la trata se lleva a cabo por redes vinculadas y no solo entre las mafias, si no entre malos gobiernos. Para mí, México es la Tailandia de Latinoamérica donde los tratantes buscan lugares manipulables y Gobiernos débiles,  donde la impunidad los atrae, el cliente busca donde sobornar más fácil y donde trabajar libremente sus delitos. En la vida tenemos el poder de coincidir y ganarnos la confianza de muchas personas. El impacto que puede llegar a tener lo que hacemos va más allá de solo mencionar cada palabra. Llevo más de un año y medio haciendo entrevistas, leyendo y platicando con mujeres y hombres víctimas de violencia y ha sido de gran impacto conocer historias de vida, de lucha constante por dejar una forma de vida que consume sus sueños y su aceptación a este mundo de compañías anónimas en un trabajo que para al menos ellos, ya es su elección.

De quien voy a contarles hoy es nacida en Cancún, Quintana Roo. Soñaba con ser maestra pero el destino no la dejo llegar a cumplir su sueño, no conoció el significado de crecer con papa y mama,  por lo cual su tía materna la apoyo en lo que pudo, lo que la llevo a crecer en una familia de problemas, deseosa de vivir y ser independiente. Al cumplir los 17 años decidió ingresar a una agencia de modelaje para trabajar y obtener dinero para solventar sus estudios, donde no la enseñaron a trabajar, la enseñaron a seducir. Pasaron los meses y fue llevada por engaños a la ciudad de México a “modelar una marca de ropa”,  al llegar a la ciudad de México fue encerrada en un cuarto vigilada las 24 horas del día, rogando a dios su libertad, donde lo único que recuerda con facilidad, fue contar cada amanecer.

Gritar ayuda por cada uno de los huecos que quedaban de las ventanas de una fría habitación, llenaban de coraje y miedo su corazón. Fue constantemente amenazada y golpeada y abusada por al menos 4 hombres distintos. La primera vez que dio sexo a cambio de dinero se sintió avergonzada. Sin embargo, tuvo que continuar por amenazas y para evitar ser golpeada. Su paso por la prostitución después de 10 años ha sido difícil, ya que no cuenta con ningún papel que conste su identidad. En cada lagrima derramada habita un pedazo de su ser y es un grito desde su interior que pide libertad. Hasta el día de hoy ha llegado a trabajar en distintos puertos de México, como también Tijuana, puebla, Michoacán, monterrey, cruceros y casinos de México.

Sus horas en la calle pueden ser muy largas, dolorosas y tristes, ahí comparte la soledad y el peso de la vida con cientos de mujeres, algunas, apenas unas niñas, pero pocas son sus amigas, la mayoría son compañeras anónimas de un trabajo que, al menos para ella ya es su elección que difícilmente podrá soltarlo. Durante las madrugadas en la calle o donde sea su jornada de trabajo, ella espera que lleguen sus clientes, sin antes recibir la llamada de su jefe que le indica quien y a donde será llevada por el cliente,  a lo largo de su vida, sus clientes frecuentes han sido hombres casados y funcionarios públicos de Cancún, ciudad Juárez, Michoacán, baja california y puebla, incluyendo dos presidentes municipales. “Todos los días comemos” “todos los días debemos trabajar” “Nosotras ya no podemos llevar una vida normal”. Ella justifica con esas frases el motivo de su trabajo, del que asegura teme dejarlo y no seguir viva, pero ella jura que algún día lo hará… “en este momento de la vida, no tengo cabida para hacer otra cosa” diciéndolo con mucha seguridad.

Aun se le hace confuso entender el modo en que operan los grupos de trata de personas, lo que si conoce es la forma en que son exhibidas en las diferentes páginas de Internet. “hay cosas que no me dicen”, recalco.   – Pero lo que sí puedo contar es que hay puntos de las ciudades donde somos repartidas… donde como nos ven nos tratan, todas tenemos un precio y los clientes tienen el poder de elegir con quien estar. Al estar platicando de una forma muy discreta e incluso con claves para no llamar la atención de su seguridad, o chófer como ella lo llamaba, le preguntaba cuáles eran sus miedos, y si algo me sorprendió fue cuando con una tranquilidad dijo; “Muchas de mis compañeras han muerto a lo largo del camino y no todas en tierra sino también en el mar”.

Ella ya no quiere seguir en este trabajo, quiere sentir un cariño de verdad, ella quiere sentirse libre, ella quiere ser feliz. Quiere dormir un día completo sin preocuparse de tener que satisfacer a alguien y no a ella misma, pero más que nada quiere una completa felicidad, sintiéndose una mujer normal y no una mercancía, que con el tiempo baja su precio.

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