Les voy a contar una historia que me ocurrió hace más o menos, 4 años. Al principio todo parecía perfecto, era una relación bonita, había paz, y cada quien en su rollo, pero un día llego el día de cortar, tronar, romper, como ustedes digan y les acomode mejor jajaja, terminamos tres semanas después de llevar casi 1 años juntos, y fue ahí, durante ese tiempo que se enredó con un fulano, cosa que, ahora, a distancia, me cae el veinte de que ya llevaban rato.

Para muchos de mis amigos, esa no contaba como una pintada de cuerno porque técnicamente no estábamos ya juntos, pero ¿mandar el tiempo así a la basura? Pasó un mes consecutivo rogándome, me lloró y me trató de convencer que no había significado nada. En ese momento yo estaba ocupado, tampoco era el amor de mi vida y mucho menos me tomé en serio eso de que el amor todo lo puede y todo lo soporta, porque ceero había amor.

Además, no crean que esa fue la única, ¡nooo! Ya veníamos arrastrando mensajitos, servilletas con teléfonos y demás coqueterías, por lo que confiar y creer era muy difícil. Para no hacer el cuento largo, me convertí en la persona que nunca quería haber sido. Cada vez que me decían algo cariñoso para intentar conquistarme. Me preguntaba muchas cosas que más que soltar el pasado, me hacia daño yo mismo. Un horror.

Así miles. Hasta que un día dije, “basta, ni me quiero convertir en esta persona ni me puedo permitir hacerme esto a mí ni a nadie.”. Sin embargo, yo tenía —y tengo— muy claro que no soy el prototipo de hombre que puede manejar algo así. UNO: soy un cabrón cuando de defenderme se trata, y mandar a la chingada es mi maestría, aunque me muera un momento por dentro.

Lo único que sí les quiero decir, como moraleja, es que hay que ser MUY honesto y siempre claros con uno mismo y se vale aceptar que uno no lo puede ni lo quiere manejar. Y como todos tenemos una definición muy distinta de la fidelidad es ESENCIAL que todas las parejas definan y delimiten la suya desde el día uno de salir con alguien de manera formal. Que queden claros en qué es fairplay, cuáles son sus límites y a qué se comprometen. Para uno el límite será acostarse con otra persona y para otro el simple hecho de chatear con alguien más. Ninguna está bien o mal. Lo que está mal —y la razón por la que duele tanto— es la violación de ese acuerdo y promesa. Establezcan sus acuerdos, cuáles sean, y cúmplanlos y hónrenlos, porque la fidelidad, como el amor, ES UNA DECISIÓN.

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