Lo primero que tienes que hacer es separarla en orgánica e inorgánica.

ORGÁNICA: son todos los residuos de origen natural como las cáscaras de fruta y verdura, pan, tortillas, filtros de café, la caquita de tus mascotas, huesos (¡no humanos!), semillas, restos de comida, el café del filtro y hasta papelitos mojados, como servilletas de papel. No la revuelvas con ninguna otra cosa.

Ahora sigue la inorgánica, que es todo lo que fue creado por el hombre… ¡Pero no tan rápido! No eches todo junto, aquí viene una segunda división. 

INORGÁNICA RECICLABLE: aquí se juntan todos los materiales como cartón, vidrio, metales, papel, ropa y todos aquellos que pueden convertirse en nuevos productos. Esto siempre hay que enjuagarlo antes de echarlo al bote.

INORGÁNICA NO RECICLABLE: residuos sanitarios, colillas de cigarro, chicles, palitos y bolitas de algodón, unicel (¡que no tendrías por qué seguir usando!) empaques de galletas, papitas y dulces, en fin, todo lo que no se puede volver a usar.

MANEJO ESPECIAL: esto tienes que pedir especialmente que se lo lleven, por ejemplo, colchones o electrodomésticos grandes que ya no sirven; también están las pilas que debes juntar y llevar a contenedores especiales que hay en supermercados y escuelas.

OJO: si tienes jardín, usa tu basura orgánica para hacer composta y que crezcan mejor tus plantas.

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