Así es, hay gente que no es capaz de sentir felicidad y no por emos, realmente no es su culpa, ¿serás uno de ellos?

Todos conocemos ese sentimiento de cuando algo parece demasiado bueno para ser verdad, o cuando de repente te pasan muchas cosas buenas y te parece sospechoso… pero hay personas que no pueden superar este sentimiento y cada cosa buena que les sucede les provoca pensamientos catastróficos que cancelen cualquier fuente de la felicidad.

Querofobia, es el miedo a regocijarse. Empecemos por establecer que toda fobia se compone de un miedo irracional que no se puede explicar con lógica y lleva a una conducta evitativa que se repite estímulo-respuesta cada que aparece, en este caso una situación que puede representar alegría o felicidad. Todas las fobias constan del mismo proceso, solamente cambia el miedo. Estos desórdenes de la mente viven dentro de las trastornos de ansiedad en la clasificación de las patologías de la psiquiatría (están contenidos en el Manual Estadístico de Enfermedades en su quinta edición, DSM-5 por sus siglas en inglés).

Qué feo ser feliz
Entrando ya de forma específica en la querofobia, puede sonar de lo más incongruente presentar un miedo irracional a la felicidad, pero si lo vemos desde el punto de vista de Sigmund Freud, su teoría de la mente dice que las dos pulsiones principales del ser humano son la sexualidad y la muerte. Esto quiere decir que, en el fondo de nuestro ADN, de nuestro disco duro más primario, tenemos una tendencia básica y esencial hacia el sufrimiento y el final de nuestra vida.

No cualquiera
La pregunta clave es: ¿quiénes pueden ser susceptibles de padecer una molestia tan desagradable y, pensándolo profundamente, altamente incapacitante? la querofobia se presenta como un síntoma más dentro de enfermedades más grandes y complejas, es raro e infrecuente que la encontremos de forma aislada y como única alteración. La primera que hay que describir es como parte de un trastorno por estrés postraumático . Este es otro de los desórdenes de ansiedad y se compone de reacciones desproporcionadas físicas y psicológicas asociadas a un evento extraordinario de vida que nos marca y se vuelve punto de referencia.

Quienes lo sufren tienen flashbacks a dicho evento y tratan consistentemente de alejarse de todo aquello que se relaciona a esa situación. Para el caso de la felicidad, este constructo se desarrolla cuando en medio de un día gozoso y maravilloso se presenta la ya citada desgracia, y como resultado nuestra mente asocia el trauma a las risas y disfrute que teníamos previamente, enlace indivisible y que nos hace evitar a toda costa sentir bonito, porque después, viene la tristeza.

El segundo grupo de pacientes son los portadores de un trastorno obsesivo compulsivo. Esta patología vivía dentro de los trastornos de ansiedad, pero desde 2013 le crearon una categoría separada por presentar situaciones específicas que requieren su propia investigación, detección y manejo. Este problema se viene cuando tenemos ideas obsesivas de forma repetida, que no podemos quitar de forma consciente, que crecen y nos gobiernan y donde únicamente logramos descansar de su agobio realizando un acto compulsivo, frecuentemente no relacionado de forma directa con la idea, pero que no sda reposo temporal del pensamiento opresor.

Mejor no porque…
La persona que padece querofobia presenta una relación consistente entre la exposición a condiciones placenteras y la posibilidad de que ocurra una desgracia inevitable y de proporciones catastróficas. Hay que decir que aquí el cerebro nos juega la mala pasada de hacernos creer que estas tragedias son producto de un pensamiento de características “mágicas”. Un ejemplo clásico de los pacientes es que si buscan cosas que los hacen sentir muy bien se enfrentan al riesgo de que fallezca uno de sus hijos o familiares más cercanos; obvio, relación que no está llevada por la lógica, pero que así se siente y se experimenta por los que la sufren. Ante algo tan terrible, no suena descabellado que la mejor solución sea evitar de forma fija cualquier situación que los haga disfrutar.

Un clásico querofóbico puede:

  • Dejar pasar las oportunidades que podrían llevar a cambios positivos en la vida debido al temor de que va a suceder algo malo
  • Negarse a participar en actividades “divertidas” por miedo a que algo se desencadene
  • Pensar que ser feliz implica, sí o sí, que algo malo va a pasar
  • Pensar que la felicidad saca lo peor de ti
  • Creer que mostrar que eres feliz es malo para ti, tus amigos o tu familia
  • Pensar que intentar ser feliz es una pérdida de tiempo y esfuerzo

Entendiendo que la querofobia es parte de otros problemas que requieren una adecuada valoración y diagnóstico, si sientes que puedes ser alguien que la presenta, es necesario acudir a un profesional de la salud mental para que evalúe de forma estandarizada, te explique las causas de tu malestar y te pueda establecer un plan progresivo y factible para poder salir adelante de algo tan incapacitante.

Los tratamientos como la psicoterapia orientada al entendimiento de uno mismo y la terapia cognitivo conductual son útiles para comprender las causas y deshacer las asociaciones negativas que las personas tienen entre el placer y el dolor. Este plan seguramente incluirá el uso de un poco de farmacoterapia y para mantener a raya la ansiedad desproporcionada y una psicoterapia intensiva que rompa estas relaciones entre felicidad y desgracia y te quiete estas cadenas de amargura.

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