¿Cómo decidimos quién paga qué en la casa?, ¿cómo le digo que no puedo salir a cenar hoy porque estoy en ascuas? Tocar temas de dinero siempre es difícil y más tu pareja, pero al mal paso darle prisa

Si van a empezar a planear una vida juntos, por más que amen al fulano o fulana no se les puede olvidar que, “cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana”. No caigan en errores y hables de dinero desde el principio.

Incompatibles en el dinero, incompatibles en el amorrrrrrrrrrrr

Dato curioso: Una investigación realizada por el Dr. Terri Orbuch conocido en Estados Unidos como “The lover doctor”, reporta que 7 de cada 10 parejas tienen tensiones fuertes por temas de lana. Es lo más paradójico que por evitar el tema tengan broncas voluntarias.

Como bien dicen las abuelas, las mamás o las amigas, “uno es como es en todo”, es importante observar las conductas de tu pareja en cualquier área, incluyendo su lado financiero.

  • ¿Habla de sus planes financieros a futuro?
  • ¿Cada vez que surge el tema se sale por la tangente? O al revés, ¿todo el tiempo quiere hablar de dinero?
  • ¿Es honesto en temas de dinero?
  • ¿Su estilo de vida hace clic con el trabajo y el sueldo que tiene?
  • ¿Coinciden en las cosas en las que vale la pena gastar y en las que no tanto?
  • ¿Es financieramente autodestructivo, o sea, se llena de deudas, gasta de más, no ahorra y no se ve que quiera cambiarlo?

Mucho ojo

Confundir confianza con amor Si tu pareja te pide un préstamo o te propone juntar el dinero de los dos en una cuenta, deja las condiciones claras y por escrito. No se vale defenderse por esto, es simplemente para ahorrarse muchos dolores de cabeza y discusiones sin fin.

Poner el cuerno financiero O sea, que uno de los dos gaste sin avisarle al otro. Por ejemplo, se casan y deciden ahorrar para un depa y a los tres meses uno de los dos da un enganche para un coche carísimo, “de sorpresa”. Bye, confianza y bye, matrimonio.

Guardar las deudas en el cajón Las deudas no se pueden ni se deben ocultar porque a la larga crecen sin control hasta que no podemos hacer nada.

Sentarse en sus laureles Que como es el hombre va a asumir los gastos fuertes, que como gana más ella paga la renta… cero. Esta idea de que la obligación de mantener al otro depende del género o del suelo solo hace daño; cada pareja funciona de diferente manera, pero te aseguro que si uno siente toda o la mayor parte de la carga económica sobre su cartera, despierta tensiones y resentimientos.

Dato curioso: Para muchos es de mal gusto y está prohibido hablar de dinero con su amorcito porque “donde dos se quieren, el dinero es lo de menos”, pero la realidad es que es algo súper importante. El dinero representa cosas distintas para cada persona: para unos es seguridad; para otros, poder; algunos lo consideran una fuente de comodidad y no falta quien lo vea como algo sucio.

En la pareja, el dinero puede tener, al menos, dos puntos problemáticos:

  1. ¿Cuánto ganas?

Cualquiera entiende que hay tiempos de vacas flacas y que hay que apretarse el cinturón en lo que la cosa mejora, pero si las vacas están hambrientas todo el tiempo, alguna razón de fondo habrá. Si tu quincena le quita el sueño a tu pareja, no te busques otra chamba, más bien hay busca si el problema de fondo está en la relación. En la sociedad en la que vivimos hay otro problema importante: algunos siguen pensando que es una bronca que la mujer gane más que el hombre. Suena medieval, pero todavía existen mentalidades machistas o acomplejadas; si estás en una relación así, tu problema no es el dinero, así que no nos detengamos en ese asunto.

  1. ¿Cuánto gastas? 

Salvo que sean herederos de una fortuna putrimillonaria (y aun así, no es garantía), el que se gaste más de lo que se gana puede traer problemas graves. Claro, si los dos son del “clan de las mil tarjetas”, a lo mejor hasta se ponen de acuerdo para esconderse de los acreedores, pero si no, de seguro habrá reclamos por su forma de gastar, especialmente si es de manera egoísta. Es un problemón que diario compres zapatos sin consultar a tu pareja o que te des el nuevo Xbox cuando el otro anda viendo qué empeña para pagar la colegiatura de los niños.

Formas problemáticas de gastar el dinero

a.Partidas secretas 

Ese dinerito extra (los bonos, que si vendiste un celular) que no le dices a tu pareja y te lo guardas o gastas en tus cosas. Cuando te cachan, dices que era un fondo de ahorro para emergencias… Que igual y sí, pero entonces, qué afán de andarlo escondiendo, digo yo.


b.Autopréstamos

Agarras dinero del fondo común sin decirle a tu pareja, sin que no se dé cuenta y que cuando “lo repongas” es como si nunca hubiera pasado.

c.Qué tanto es tantito 

Por el estrés te pones a comprar chucherías online, te das tres cafés diarios y hasta andas generoso con las propinas en los bares. Según tú, no gastas tanto, pero cuando haces cuentas de tu gasto hormiga, TUS matemáticas y LAS matemáticas toman rumbos muy distintos.


d.La familia pensionada

Este es muy fuerte, porque es cuando uno de los dos le anda “prestando” dinero a su mamá o al compadre sin que su pareja sepa o, peor, cuando ya habían dicho que no lo iban a hacer. 

Como evitar que el dinero cause problemas

Independencia financiera.
Los consumos personales deberán de ser asumidos por cada miembro de manera individual. La independencia financiera debe de mantenerse aun estando en pareja.

Buen uso de una cuenta compartida.
Ésta puede ser una gran aliada, ya que podrán tener allí el dinero que destinen a los gastos comunes e incluso depositar una cantidad extra que quieran ahorrar. 

Metas en común.
Cuando se trata de inversiones grandes como comprar un carro, cambiar la sala o irse a Europa las próximas vacaciones, es mejor que los dos estén de acuerdo y más aún si el pago de esta inversión será a través de un fondo común. 

Invertir en conjunto.
Uno de los grandes beneficios económicos de vivir en pareja es la posibilidad de crecer juntos. Pueden pedir un préstamo personal para remodelar el departamento o comprar muebles nuevos y pagarlo entre dos, lo que hace mucho más ligera la carga económica. 

Hay casos muy específicos que necesitan sus propias reglas. ¡Hasta en eso te ayudamos!

¿Y si yo me quedo en casa? Cuando trabajas fuera de casa es muy fácil perder la perspectiva de lo que implica llevar un hogar. Para cuantificarlo, calcula cuánto costaría sustituirte (alguien que limpie, cuide a los niños, haga de comer, etc). Eso vale tu trabajo y es lo que aportas al gasto de la casa.

¿Y si mi pareja tiene deudas? La deuda personal es de quien la adquiere. El otro, en especial si gana más, decide si va o no a ayudarle, pero NO ES UNA OBLIGACIÓN.

¿Y si recibe una herencia? Le pertenece a quien la recibe y decide si quiere o no compartirla. Lo ideal para evitar broncas, es asignar un porcentaje para lo que falte en casa y lo demás se lo puede gastar en lo que se le hinche.

¿Y si me pide prestado? Siendo muy realistas, lo recomendable es decir NO, ya que probablemente tu pareja sienta que no tiene que pagarte. Y menos con urgencia. Si ya vas a correr el riesgo, antes de soltar la lana piensa si estás dispuesto a regalárselo. Si ves que va en serio, establezcan fechas de pago, cantidades y un plazo.

¿Y si se queda sin trabajo? Se vale que uno ayude al otro, para eso son un equipo, pero la clave es hacerlo con límites. El primero es el tiempo. ¿Cuánto tiempo estarías dispuesto y podrías ayudarle, aportando tú todo lo de la casa y hasta dándole para sus gastos? Una vez que establezcan la fecha de caducidad (una medida son de tres a seis meses) del plan, hay que hacer un ajuste en tu aporte al presupuesto.

¿Y si somos freelancers? Si tienen ingresos variables establezcan lo mínimo que necesitan para el gasto y adelántelo en cuanto les caiga un pago.

¡Aguaaas!

Ya te hablamos sobre la violencia económica que, a grandes rasgos, es un mecanismo de control de la persona que maneja el dinero en la relación y que pone a la otra en un lugar de dependencia.
Ojo si algo de esto te suena familiar…

  • Solo da el dinero indispensable o cuando surge alguna necesidad
  • Te reclama porque gastas mucho
  • Te da una tarjeta de crédito adicional a la suya para saber tus movimientos y limitar tus gastos
  • Administra siempre los gastos, decide qué y cuánto va para cada cosa, incluso lo que tú ganas
  • Te prohíbe trabajar o prepararte más con la excusa de que no lo necesitas, que se puede hacer cargo de todo
  • Te endeudas por esa persona, aunque te disfrace que es para beneficio de los dos

SALVAVIDAS PARA HABLAR DE DINERO

1. Escojan un buen momento para hablarlo: el partido de su equipo favorito no es el mejor. Tengan un date financiero cada mes o cada tres meses, máximo. Ese día revisen los gastos, reajusten porcentajes y tomen decisiones.

2. Éntrenle con metas: cada uno puede tener aspiraciones personales y de pareja. Alineen objetivos de vida, fijen prioridades y tengan metas en conjunto con un plan financiero estratégico a cinco y diez años.

3. No juzguen: lo último que necesitan es andarse ninguneando uno al otro. No usen calificativos, váyanse por los hechos, expliquen las implicaciones de los actos y sean propositivos. Por ejemplo, si a uno se le pasó pagar la tarjeta, propón ayudar poniéndote una alarma tú también, en vez de insultarlo por olvidadizo.

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