Hace días estaba hablando con una amiga, psicoterapeuta y gran conversadora, y me dijo una frase que se me hizo muy fuerte y muy cierta: “A cierta edad, uno tiene que aprender a darse órdenes y seguirlas”. Y es que ¡CLARO! Llega un momento en la vida en el que nosotros tenemos que ser nuestro propio padre o madre, básicamente ser nuestra propia autoridad.

¿Que si es algo fácil? ¡CERO! De hecho, la disciplina es un virtud, o bien una perfección de la energía, porque alcanzar la disciplina significa que tenemos una conciencia y un dominio absoluto sobre nuestros actos.

Por eso me pareció importantísimo hablarles de este tema. Hoy más que nunca tenemos tan poco control sobre lo que está pasando a nuestro alrededor, que la única forma que tenemos de sobrellevar esto, es controlando ¡lo que sí podemos controlar! Qué comemos, cuánto dormimos, si hacemos ejercicio o no, cuánto, cómo y dónde trabajamos, cómo nos cuidamos… todo eso está en nuestras manos, pero sin disciplina, no se logra, se los digo.

Incluso le decía a mi amiga que hasta el hecho de levantarte todas las mañanas, bañarte, peinarte, vestirte, arreglarte, es un acto que te cambia el día por completo, ¿saben por qué? Porque la disciplina es una muestra de amor propio, de autocumplirte, de no romper las promesas que te hiciste, de seguir tus propias reglas y de ser congruente con lo que quieres. TODO ESO es la disciplina. Y para resumir, “no hay nada más fabuloso que poder decir, ‘Diego le cumple a Diego’”. 

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