Estas son las principales razones por las que las personas se quejan hasta del clima y también te diré qué hacer para controlar tus enojos.

Es probable que conozcas a alguna de esas personas que siempre se están quejando, esas que se molestan cuando llueve y cuando sale el sol también, cuando hace frío y también cuando hace calor, cuando están solas y cuando están acompañadas.

De hecho, existen mil y un motivos por los que quejarse no conduce a nada, es un hábito inútil. Entonces, ¿por qué estas personas tienen la manía de quejarse por todo?

1. Se sienten profundamente insatisfechas. Alguien que no ha encontrado esas razones que le dan sabor a la vida.

2. Se quejan por hábito. De hecho, a menudo la queja es un comportamiento heredado de los padres. Estas personas asumen los lamentos como parte de su comunicación y no conciben una conversación sin ella. En algunos casos la manía de quejarse es tan extrema que, si no lo hacen, simplemente no sabrían como romper el hielo o de qué hablar.

3. Tienen un profundo egocentrismo sustentando en la falta de empatía. Los quejumbrosos dan por descontado que merecen más que las otras y, cuando no lo obtienen, se quejan. No son capaces de ponerse en el lugar de los demás y comparar porque su egocentrismo se los impide. Para estas personas, llueve porque el universo está en su contra y hay crisis porque Dios (que no tiene más nada que hacer) ha decidido contrariar sus planes.

¿Por qué las quejas no son la solución?

1. Conducen al inmovilismo. Quejarse implica asumir el papel de víctima, despojarse del control y ponerlo en una entidad externa, quedarse inmóvil al borde del camino, lamentándose por lo ocurrido mientras las personas a su alrededor, que quizás han vivido la misma situación, se recomponen y continúan adelante.

2. Son un agujero negro por donde escapa la energía. Lamentarse por los errores del pasado, por las oportunidades que no se aprovecharon o por los problemas del presente solo consume energías inútilmente. La queja implica una focalización en los aspectos negativos mientras que lo que necesitamos para avanzar es precisamente lo contrario: centrarnos en los aspectos positivos.

3. Generan un estado de ánimo muy negativo. Todos los sucesos entrañan aristas positivas y negativas, centrarse en las limitaciones, los daños, la incomodidad y los fracasos solo generará frustración, tristeza e ira.

4. Impiden buscar soluciones. Como estas personas no son capaces de apreciar el aspecto positivo de los hechos, se quedan regodeándose en la pena. No son capaces de sacarle provecho a las situaciones y aunque la fortuna tocase a su puerta, no podrían verla y aprovechar la oportunidad que les brinda.

5. Afectan las relaciones interpersonales. Todos tenemos nuestros propios problemas, pero normalmente no andamos por el mundo pregonándolos para ver cuál es mayor, como si se tratase de un concurso de víctimas. Un día, nos da placer consolar a un amigo y escuchar sus penas. Al otro día, también. Pero al tercer día comienza a ser desgastante. Por eso, preferimos evitar a las personas que se quejan por todo y se comportan como verdaderos vampiros emocionales.

La trampa de la autocomplacencia (o cómo desenmascararse y dejar de quejarse)

Por tanto, la próxima vez que pienses en quejarte, pregúntate:
1. ¿Qué inseguridad o insatisfacción oculta esa queja?
2. ¿Tengo motivos válidos para quejarme?
3. ¿Qué aspectos positivos me traerá la queja?

Y si aun así decides quejarte, espero no estar cerca…

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